
A la izquierda, Julie Andrews interpretando a Mary Poppings (1964); a la derecha, la top estadounidense Ruby Aldridge en el primer desfile de John Galliano sin el creador.
Podría ser un trabalenguas, pero es la crónica de una ausencia anunciada. Horas antes del primer desfile de la firma John Galliano sin el creador –convertido en protagonista involuntario de un culebrón esquizofrénico que dura ya más de seis meses–, todo el mundo comentaba lo mismo: «Anna Wintour ha pedido a su equipo de Vogue USA que no acuda al desfile para protestar por la expulsión de Galliano».
Al frente de la “nueva” dirección creativa, su mano derecha, Bill Gaytten. A salvo. Protegido por el equipo que durante todos estos años ha trabajado bajo las órdenes de Galliano en la puesta en escena de sus desfiles: Stephen Jones (sombreros y tocados), Pat McGrath (maquillaje), Orlando Pita (peluquería), Jeremy Healy (música)… Pero poco importaba. Porque ya no había magia. Quizá Christophe Decarnin pueda desaparecer de Balmain sin que apenas se perciba la diferencia. Pero Galliano no puede desvanecerse de su propia firma sin llevarse consigo la magia y el romance nostálgico de sus diseños.
Cierto. Sobre la pasarela vimos transparencias, vimos volantes, vimos vestidos de georgette de seda, rosas bordadas, chaquetas sastre de corte ultrafemino… Quizá por un momento vimos incluso a Galliano. Pero fue solo un espejismo. La colección primavera-verano 2012 de Galliano es un tributo al diseñador inspirado en Mary Poppins y en Mary Pickford. Demasiado caricaturesco para despertar suspiros.
Y como en el cuento de hadas, tras el desfile, la carroza se convirtió en calabaza… y los que todavía albergaban la esperanza de descubrir en Gaytten el relevo que los responsables de McQueen encontraron en Sarah Burton bajaban la cabeza… y twitter volvía a hablar y a especular: ¿Volverá Galliano? ¿Quién ocupara su lugar en la firma que lleva su nombre? Pronto lo sabremos.







