El País

Sí, las ‘fashionistas’ llevan años sufriendo incontinencia

(A la izquierda, campaña de rebajas 2012 de Harvey Nichols; a la derecha, cartel del festival de música Sònar de 2001.)

Como decía Julia Roberts en Pretty Woman (1990) tras su primera noche en la ópera, «casi me meo de gusto en las bragas». Perdón, «la música de La Traviata me embriaga», recuerda Mayca Márquez, del equipo de producción de S Moda. «Hay que ser bestia», comenta en voz alta el director de Arte de la revista, Diego Areso, al ver la campaña de rebajas de verano los grandes almacenes Harvey Nichols. Bajo el grito de guerra «Try To Contain Your Excitement» (en castellano, «intenta contener la emoción»), una modelo posa con un bolso de Valentino en la mano, los brazos en jarras… y una sospechosa mancha líquida en los pantalones. ¿Risa? ¿Miedo? ¿Nervios? ¿O tal vez sueña despierta con unos próximos descuentos de hasta el 50%? La imagen ha dado la vuelta al mundo. En Twitter hace ya días que se multiplican los comentarios bajo el hashtag #ContainYourself. Impactados, escandalizados y horrorizados, algunos clientes aseguran que el anuncio es «asqueroso», «nada divertido», e incluso «denigrante». Linda Sharkey, de Independent, se pregunta si el departamento creativo de publicidad ha ido demasiado lejos. A lo que ellos contestan: «Se trata de un enfoque irónico e inofensivo para promover las rebajas». Y quizá la sesión de moda falle (desde un punto de vista meramente estilístico) –como comenta Linda–, pero la repercusión mediática bien merece una visita tardía al WC. Aunque llegue once años tarde. Porque no es la primera vez que las fashionistas tienen problemas de incontinencia. Lo vimos en 2001 en Barcelona cuando se desveló el cartel del festival de música avanzada Sònar. En aquel caso, claro, la colección de instantáneas cotidianas (con mancha en la entrepierna) era «una provocativa rememoración del modelo de familia nuclear en la era de Aznar».

 

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Empieza la temporada de galas, premios y girasoles

A la izquierda, Elle Fanningde en la entrega de los Premios Critics' Choice con vestido de Rodarte. A la derecha, la reina Isabel II de Inglaterra en su gira por Estados Unidos en 1983.

Queda inaugurada la nueva temporada de galas y desfiles. Moda y más moda. En la alfombra roja y en la pasarela. Con el clásico «quién llevará qué» y «quién lo llevará mejor» de cada ceremonia; y la consiguiente lista de «mejor vestidas». Sin olvidarnos del top ten favorito de los blogs: el ranking de los «looks más repetidos» (o más «codiciados», según el eufemismo elegido). Ayer vimos la entrega de los Critics Choice Awards. Entre otras, asistieron Tilda Swinton, de Yves Saint Laurent; Michelle Williams, de Chanel; Charlize Theron, de Alaïa; y Diane Kruger, de Prada. Pero de todas las asistentes, la que más tweets consiguió fue la precoz Elle Fanning, con su vestido de girasoles de Rodarte. El mismo estampado que eligió la reina Isabel II de Inglaterra, trendsetter indiscutible, en su visita a Hollywood durante su gira por Estados Unidos de 1983. Imposible pasar desapercibida con el homenaje de Rodarte al tributo de YSL a Van Gogh. ¿Volveremos a ver el diseño de la ispiración infinita en alguna otra gala? Pronto lo sabremos. ¿La próxima cita? Los globos de oro el próximo domingo.

A la izquierda, un diseño de Yves Saint Laurent de 1988, tributo a Van Gogh. A la derecha, un vestido de la colección primavera-verano 2012 de Rodarte.

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El guateque de Florence

A la izquierda, Florence Welch en Londres (2012); a la derecha, el actor Peter Sellers.

Es el último icono rebelde y excéntrico de la escena alternativa. El maniquí perfecto de una industria, la de la moda, que –como la música– está sedienta de nuevas musas. Dicen que Florence Welch seduce y sorprende. Y lo mejor es que, además, esta chica vende. Y no solo ropa (y diseños de alta costura). También vende discos (el primer álbum de Florence and The Machine vendió más de tres millones de copias). Quizá en la etiqueta del traje estampado con el que llegó al plató de la BBC hace apenas dos días ponga Kenzo, pero su uniforme es el mismo que llevaron antes Bowie o Jagger, e incluso Peter Sellers.

El estampado de cachemir nació en los talleres artesanos de la India; y de allí emprendió un largo viaje a través de la ruta de la seda hasta instalarse en Carnaby Street en los años 60. Pero antes hizo  escala en otro territorio del imperio británico: Escocia (donde fue bautizado con el nombre de la localidad Paisley). Se coló en las perchas de las boutiques londineses del Swinging London; y vistió con lágrimas psicodélicas a iconos como Mick Jagger, John Lennon o George Harrison. Otro beatle, papá McCartney llevó este estampado también antes de que su hija Stella lo presentara sobre la pasarela convertido en el pijama que todas (Florence incluida) querrán sacar a la calle la próxima primavera. Como la diseñadora inglesa, lo han incluido en sus colecciones primavera-verano 2012 creadores como Haider Ackermann o Jonathan Saunders.

De izquierda a derecha, David Bowie; Mick Jagger en rueda de prensa en 1967; John Lennon; y Liam Gallagher en 2009 vestido con un diseño de su propia colección

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Michelle Obama en el remake (no censurado) de ‘Belle de Jour’

A la izquierda, Michelle Obama en la Casa Blanca (2011); a la derecha, Catherine Deneuve en una escena de 'Belle de Jour' (1967).

Ni colores llamativos, ni flores –como las de su vestido favorito de Thakoon–, ni estampados, ni mezclas audaces. La Casa Blanca inicia los festejos navideños en honor a los veteranos con austeridad y contención cromática. Los tiempos no están para exhibicionismos. Toca reducir, simplificar… y repetir estilismo. Michelle Obama elegió el mismo vestido negro con cuello blanco que llevó en la conferencia inaugural de la campaña por una mejor nutrición que se celebró en Washington por la mañana. Una opción de vestuario que en 1967, cuando Buñuel presentó ‘Belle de Jour’, la crítica estadounidense despachó como una muestra de la perversión sexual de la burguesía europea. Pero los tiempos cambian, también en moda. Y el armario que diseñó Yves Saint Laurent para Catherine Deneuve ha perdido el aura de escándalo que acompañó al estreno de la película hace más de cuarenta años.

«Las personas desnudas en la gran pantalla parecen muy frágiles. Lo encuentro más erótico cuanto están vestidas», Catherine Deneuve.

La fantasía de Buñuel sigue deletreando pensamientos oscuros en la pasarela de París. Diseños de belleza perfecta, como los que esbozó el diseñador francés, y que se pueden contemplar de cerca en la exposición Yves Saint Laurent, hasta el 8 de enero en la sala de exposiciones de Recoletos, el espacio que tiene la Fundación Mapfre en Paseo de Recoletos, 23, Madrid. Una muestra que se expuso en el año 2010 en el Petit Palais de París y que, sin duda, visitaron muchos admiradores (musas de estilo y diseñadores incluidos). Todas quieren vestirse con el uniforme de Catherine Deneuve. Desde la primera dama de Estados Unidos –referente constante para el estímulo de la nación (y el éxito de su marido)– hasta Grace Coddington –directora creativa de la edición estadounidense de Vogue–.

 

De izquierda a derecha, la cantante Kylie Minogue; la presentadora de televisión y musa de estilo Alexa Chung; y la directora creativa de Vogue USA Grace Coddington.

«Antes de mí, nadie habría osado vestirse de negro», Mademoiselle Coco Chanel.

El vestido de cóctel negro ha sido objeto de obsesiones (y perversiones) desde que Coco Chanel lo inventara en los años 20. ¿Quién no tiene por lo menos uno? ¿O más de diez? Es el comodín perfecto. La solución a cualquier dress code. El invitado (de última hora) que se cuela en todas las fiestas. Y un diseño que une bajo una mismo color a primeras damas, actrices, socialités, ancianas de luto y empleadas del trabajo doméstico. Su uniforme se ha convertido en el hábito del káiser de la moda, Karl Lagerfeld. Y es precisamente él quien define los requisitos que debe cumplir esta temporada el little black dress (o LBD, para abreviar): cuerpo negro, cuello rígido de camisa blanco y, en algunos casos, puños blancos a juego.

 

De izquierda a derecha, Karl Lagerfeld, el káiser de la moda; y las actrices Jessica Alba y Nicole Kidman.

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Elvis protagoniza ‘Resacón en Las Vegas’ en Balmain

A la izquierda, Elvis Presley durante una actuación en Las Vegas en 1972; a la derecha, la rusa Natasha Poly en el desfile de Balmain.

Por fin había llegado el momento. Tras el despido de Christophe Decarnin –un nombre que ni siquiera suena en las quinielas sobre quién accederá a la dirección creativa de las principales firmas–, Olivier Rousteing presentaba, con apenas 25 años, su segunda colección al frente de Balmain. Y como fiel discípulo, se ceñía a cumplir las pautas magistrales impartidas temporadas anteriores por Decarnin y Emmanuelle Alt –editoria de Vogue París–. Ellos convirtieron la mítica casa francesa en la gallina de los huevos de oro del nuevo lujo made in Paris, con un imaginario cortado a medida del mercado ruso: cazadoras de cuero con tachuelas, chaquetas con ricos brocados, prendas bañadas en tintes dorados, brillos tintineantes, tejidos metalizados, incrustaciones de piedras y, sobre todo, jeans… a precios desorbitados. Pitillos militares, raídos, rotos, satinados…

Detrás de cada colección siempre hubo un icono y su vestuario: Adam Ant (y sus chaquetas de los años 80, que compraba en Berman’s & Nathan’s, Londres), Michael Jackson (y sus uniformes militares, dentro y fuera del escenario), David Bowie (y los imprescindibles glam de su alter ego Ziggy Stardust)… ¿El nuevo ídolo? Elvis Presley. Como hizo en la colección crucero –que se presentó en París en julio, durante la semana de la Alta Costura–, Rousteing combinó todos los elementos de la fórmula súperventas de Balmain (denim + incrustaciones + dorados + tachuelas = éxito en la calle) y recreó el vestuario que lució el Rey del Rock en sus actuaciones de los años 70 en Las Vegas.

Para satisfacer los deseos de las fans (y para llenar todavía más las arcas de la compañía), Balmain ha presentado también durante la Semana de la moda de París Pierre Balmain, una línea lowcost que reinterpreta el imaginario rock’n'trash de la firma a precios más mundanos: camisetas desde 120 €, jeans desde 250 € y chaquetas por 350 €. Una línea de difusión que debuta con una serie de vídeos realizados por Inez and Vinnodh y protagonizado por la modelo Abbey Lee, su novio Matthew Hutchinson y su grupo, Our Mountain.

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