El País

Ir a un concierto en Seattle

Supongo que ir a un concierto en Seattle es como ir a un concierto en cualquier otro lugar de Estados Unidos, o como ir a concierto en Madrid. Pagas por entrar a un local, te pides una cerveza, el grupo se sube al escenario y tú lo disfrutas o te aburres mientras asientes a lo que te dicen tus amigos sin estar muy seguro de que lo has entendido bien y ellos hacen lo propio contigo cada vez que tratas de decirles algo. Hay quien disfruta muchísimo de los conciertos y hay quien no lo vive de manera tan intensa.

Supongo que, como sujeto de pruebas, debería decir que mi experiencia ha sido la misma aquí en otros conciertos a los que he ido, pero no puedo. En cierta manera es un sentimiento infantil, pero cada vez que piso un local en Seattle me emociono pensando que es el mismo lugar en el que tocó alguna de las bandas que yo admiraba hasta el absurdo allá por los noventa. Y aunque han pasado ya veinte años desde aquello y, de la misma forma, debería emocionarme en Madrid pasear todos los días por las mismas calles por las que lo hacían, por ejemplo, Baroja y Valle-Inclán (a veces lo pienso, no os creáis), me resulta inevitable vivirlo aquí de otra manera. Tal vez es porque después de veinte años, los Seattleites siguen vistiendo exactamente igual.

El viernes pasado fui con mi amigo, el Señor Rata a uno de nuestros bares preferidos: The rat and the raven, porque resulta que tocaba allí el grupo de un amigo, en el que el propio Señor Rata tocaba el bajo hace poco. Como veis, parece que lleve en esta ciudad dos años, en lugar de dos meses. Dadme un fin de semana más y conseguiré que el camarero entienda mi apellido cuando trata de localizar mi tarjeta.

"Kingdom of the Holy Sun", cortesía de Ferhat Ay

Jason, el líder de Kingdom of the Holy Sun es un amigo del señor Rata y probablemente uno de los conversadores más sorprendentes que he conocido. Puedes hacer un comentario casual sobre la música que está sonando, por ejemplo Michael Jackson y menos de cinco minutos siguiente un razonamiento coherente y totalmente casual te encuentras discutiendo sobre los valores de la sociedad americana y tus opciones frente a ellos. Es curioso porque durante el concierto de Kingdom of the Holy Sun, tuve exactamente la misma sensación. Hay canciones que son como un viaje rápido en una atracción de feria y hay otras que son como caminos en un bosque, llenos de ramificaciones por donde puedes perderte mientras disfrutas con calma del paisaje. Esta última es la experiencia que tuve con la banda de Jason, y junto al hecho de que la ejecución fuera impecable (y era el primer concierto del grupo) me hizo disfrutar muchísimo del concierto.

Cuando ellos terminaron, tocó otra banda, y después aparecieron los Red Blood Dancers. Como esto no es un blog de reseñas musicales os voy a dejar aquí su música y aquí unas fotos, y los que conocéis mis gustos podréis adivinar si me quedé rubia o qué.

Esta entrada fue publicada en Entretenimiento, Lugares

3 Comentarios

  1. saga
    Publicado: 12 6/12 a las 17:05 | Permalink

    :_)))) Snif, besos a todos en la Ciudad de los Gorritos.

  2. Publicado: 12 6/12 a las 17:29 | Permalink

    Seattle tiene “duende”, como decís en España. Fue y sigue siendo semillero de grupos musicales.
    Chapeau a “emerald city” y sus habitantes.

  3. María
    Publicado: 12 6/12 a las 18:49 | Permalink

    suena como si te hubieras enamoriscado del Jason ese

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