El País

Ser más feliz gracias al Efecto Tetris (1/2)

Esta mañana me he levantado con la rodilla hinchada y lo primero que he pensado ha sido “QUÉ SUERTE”. Y no era irónico. Me sentía realmente afortunada porque me hubiera pasado hoy, que podía quedarme en casa, y no cualquier otro día que tuviera programada una excursión. Esto me ha hecho reflexionar unos segundos acerca de mi propia identidad: ¿era yo seguro? ¿Era la Carmen de siempre o me había despertado con un cerebro que no me pertenecía?

Con objeto de recuperar cierta sensación normalidad, he llegado cojeando al sofá y he abierto twitter para quejarme pública y amargamente de mi desgracia. Pero la gente ha sido amable al contestarme y, al recordar que la hinchazón es consecuencia de que ayer conseguí correr durante sesenta minutos seguidos, la satisfacción ha eclipsado la molestia y he vuelto a sentirme afortunada otra vez.

Podría preocuparme y deprimirme por encontrar anormal mi falta de preocupación, es algo que, en condiciones normales soy capaz de hacer, pero no es necesario porque sé a qué responde este comportamiento anómalo: desde hace unos días vengo experimentando una versión positiva del EFECTO TETRIS.

Ilustración de Alice Dattebayo

Reconozco que el cinismo –entendiendo el cinismo como un pesimismo pasado de vuelta y faltón– tiene bastante gracia, genera una sensación de complacencia a corto plazo y desde luego es adictivo. Yo he sido una cínica desde que era pequeña (qué remedio) y me he servido de él para escudarme ante las decepciones, pero sobre todo lo he usado para ocultar mis inseguridades.

Lo que ocurre con el cinismo es que llega un momento en el que se toca techo y empieza a perder el aliciente. Por otro lado, además, es muy poco práctico a largo plazo. Ante un desafío, una persona positiva tiene más posibilidades de éxito que una persona de actitud cínica  y en el caso de un fracaso asegurado, la persona positiva aún saldrá ganando, porque de alguna forma utilizará la experiencia para mejorar (no sé cómo, la verdad, ese mundo me es todavía demasiado ajeno). Esto no es así porque lo diga yo, de hecho, a la aguafiestas que tengo dentro le gustaría poder decir todo lo contrario, pero la lógica es la lógica.

Hace un tiempo, vi por casualidad este vídeo de Shawn Achor dando una charla en el TED.

Aunque tras largos años de ejercitar mi sarcasmo, la sola mención de “positive psychology” es suficiente para que se me pongan los ojos en blanco, vi el vídeo hasta el final porque la historia de su hermana creyendo ser un unicornio me hizo reír. Y si hoy en día, hay algo que pueda salvar a mi retorcido y negro corazón de deshacerse en cenizas es el sentido del humor.

Patrones cognitivos

Interesada por lo que contaba Shawn Achor, me leí su libro The Happiness Advantage, que aunque está orientado sobre todo a trabajadores y empresas, es entretenido, fácil de leer y divertido (todas las anécdotas de la charla están en el libro palabra por palabra).

En este libro, Shawn Achor aporta muchos datos contrastados y recomienda una serie de ejercicios para mejorar la productividad en el trabajo a través de la felicidad como potenciador, no como meta. En uno de los capítulos, el autor se refiere al Efecto Tetris. Ese efecto secundario de jugar al tetris durante horas y empezar a ver las cosas a tu alrededor como figuras geométrica encajables unas con otras.

Sé de lo que habla porque desde que era pequeña he experimentado situaciones parecidas. Después de pasar horas con una aventura gráfica, he notado como al hablar con alguien se desplegaba en mi mente un menú de opciones de diálogo que daban lugar a ramificaciones en la conversación. O después de jugar a los Sims, podía clasificar todas mis emociones en barras de estado. Y ni siquiera tiene que tratarse de un videojuego. Recuerdo que una vez, tras haber visto una temporada entera de Lost del tirón, estaba sola en casa y cada cosa que ocurría me parecía de una importancia insólita: el teléfono sonando, un cuchillo que se caía al suelo, una canción que de repente sonaba en el patio… La estructura narrativa tramposa de JJ Abrams había calado de tal forma en mi cerebro que inconscientemente trataba de encontrarla a mi alrededor.

Esto es lo que se conoce como “patrón cognitivo” y como nuestro cerebro asuma por defecto un patrón cognitivo que se focalice en lo negativo, no importa lo que realmente esté ocurriendo en nuestro entorno: podemos darnos por jodidos.

Los niños de África

Todo el mundo conoce a alguien que se queja constantemente de algún dolor físico, alguien que se lamenta sistemáticamente de su mala suerte en algún aspecto e ignora o da por supuesto todo lo que le sale bien. En mayor o menor medida, todos hemos estado en algún momento ahí.

Tengo un amigo que siempre que me veía deprimida me decía “pero piensa en los pobres niños de África, que están peor que tú”. Ésta probablemente sea una de las más tristes e ineficaces frases de consuelo que nos ofrece el castellano y en general el sistema comunicativo oral, pero no puede decirse que sea una afirmación falsa. En realidad, cada día debería sentirme agradecida por no haber nacido en Sierra Leona, por tener agua corriente potable y gozar de todas mis extremidades en perfecto estado (o casi). Todos los lectores de este post deberíais estar llorando de alegría por lo mismo en este instante, pero sospecho que no lo estáis haciendo, y se trata, ni más ni menos de una cuestión cognitiva. Pero dejadme que os lo aclare, con este gráfico elaborado por la prestigiosa Universidad de Internet:

Nunca un meme fue tan esclarecedor.

 Cambiar el patrón

Siempre he creído que ser pesimista y optimista era algo intrínseco a la personalidad. Puedo razonar que efectivamente soy afortunada en muchos aspectos, pero no lo voy a tener presente en mi día a día porque esa no es mi forma de ser. Sin embargo, después de realizar durante mes y medio uno de los ejercicios que propone Shawn Achor en su libro, me encuentro a mí misma con la pierna en alto sobre unos cojines, sorprendiéndome de mi buena suerte. Y si quedamos aquí, en este blog, el jueves que viene, os cuento cómo lo he hecho.

 

Esta entrada fue publicada en Hábitos

3 Comentarios

  1. Brogan
    Publicado: 26 6/12 a las 14:40 | Permalink

    Tiene su gracia… ¿Sirve en el caso del Angry Birds? Lo digo en serio: como en el videojuego los bichos se mueven lentamente, a ratos suelo ver temblar las letras en los libros e incluso los objetos de mi casa. Por eso me he podido identificar tanto, la verdad.

    Saludos.

  2. nuria
    Publicado: 26 6/12 a las 22:42 | Permalink

    Plas, plas, plas … mi enhorabuena por tu blog, que cada día me tiene más enganchada por tu naturalidad escribiendo y porque se agradece que entre tanta maraña de gente en la red, puedas encontrar a alguien tan afín a ti. Sin duda, todos o casi todos los que estaremos leyendo esto tendríamos que estar dando palmas con las orejas. Me apunto el libro.

  3. Larry
    Publicado: 29 6/12 a las 9:56 | Permalink

    Sí, concuerdo con Nuria :) Muchas gracias y enhorabuena por un blog tan interesante.

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