Qué día más triste para despedirme. Quizá esto os pille algo por sorpresa pero este mes termina Sujeto de Pruebas y lamentablemente no habrá un blog que lo sustituya. Puede que colabore ocasionalmente con SModa pero ya no tendré un lugar fijo aquí en el que contaros mis peripecias.
Me da pena porque me lo he pasado muy bien y sobre todo, porque me han dejado que me lo pase muy bien. En el año exacto que llevo colaborando aquí, anteriormente con ese blog desquiciante llamado Memorama y ahora con Sujeto de Pruebas he podido escribir libremente sobre lo he querido y me ha apetecido en cada momento (dentro o casi dentro de la temática del blog, claro) y nunca he recibido una llamada de “se te está yendo la pinza” o “escribe sobre esto que nos da más visitas”. Las chicas de la edición digital de SModa siempre me han dado libertad total y me he sentido aquí como en mi casa. Pocos colaboradores, en medios tan grandes como éste, disfrutan de ese lujo.
También me he sentido insólitamente querida y respetada por lectores y comentaristas. Muchas personas me han conocido a través de este blog y han decidido quedarse cerca y seguirme en mis andanzas. A todos, de verdad, muchísimas gracias.
En este último post me gustaría hacer un repaso a las “pruebas” que más me ha gustado hacer o que he incorporado como hábitos a mi vida:
Qué voy a deciros sobre esto que no os haya dicho ya en los 8.0284.394 posts en la que la he mencionado. Funciona, en serio, ha cambiado mi vida cotidiana.
Mgñ, a la larga no funciona tan bien como lo anterior y tampoco te quita las penas más hondas del alma, pero el hábito del diario es útil (aunque sólo sea hacer una foto con el móvil para recordar un momento) y es cierto que en general te hace más optimista, cosa que a mí me hacía muchísima falta.
Lo pongo porque sé que me lo vais a preguntar. Cuando me fui a Seattle lo tuve que dejar porque por las mañanas no tenía tiempo para hacer la mezcla (aunque sólo lleva unos minutos). Estuve utilizando champús naturales sin sulfatos y me iban muy bien, pero cuando volví aquí, acabé usando de nuevo el champú normal. Creo que mi pelo estaba más brillante y con mejor aspecto cuando usaba el bicarbonato, pero nunca logré que se me dejara de engrasar a menudo. Sólo pude espaciar los lavados un día más, y el proceso ese de aguantar sin lavármelo fue un infierno pelosucio que no quiero volver a vivir. De todas formas, cuando acabe mi bote de champú actual, me compraré un champú natural o volveré al bicarbonato.
Las camisetas las sigo doblando como antes, ¡pero ya no hay sábana bajera que se me resista!
Las veces que una marca me ha regalado algo para que lo pruebe y escriba sobre ello, supongo que os habéis preguntado si era una reseña interesada o estaba siendo sincera de verdad. Siempre he sido sincera. Y creo que si me habéis estado leyendo a menudo sabéis cómo calibrar mi grado de entusiasmo con los productos a través de lo que escribo. Pues bien, ya no hay posible compromiso con esta marca y aún así os la recomiendo. La uso todos los días para hacer simple agua con gas y me ha ayudado mucho a reducir cierto consumo.
Hablando de marcas… Cuando escribí sobre esto, lo hice por mi cuenta, desde luego, pero el departamento de comunicación de Bimbo descubrió mi post. Podrían haberse alegrado sin más de que les hubiera hecho esa publicidad indirecta y desinteresada, pero decidieron ponerse en contacto conmigo. Si me seguís por twitter o facebook ya sabréis que me mandaron esta cajita como agradecimiento. Me hizo más ilusión que un abrazo de Espinete.
-Conocer una ciudad corriendo por ella
Algunos de mis momentos más felices en Seattle, y cuando digo felices, quiero decir química y mesurablemente superfelices, los viví gracias a salir a correr por las mañanas y dedicarme ese tiempo a mí y a mi salud. No sólo física, sino mental. Aquellas calles de jardines espectaculares en las que yo era la única transeúnte, las vistas increíbles de la ciudad desde las partes más altas, los parques verdes e inmensos y otras cosillas, como LA TUMBA DE BRUCE LEE, son los momentos que, cuando esté a punto de morir, quiero que me pasen ante los ojos.
Bueno, ¿y ahora qué? ¿Cómo nos despedimos después de tanto tiempo? ¿Cada uno por su lado y ya está? Bueno, espero que no. La mejor manera de que no me pierdas de vista es que me sigas por mi cuenta de Twitter o mi página de Facebook. Próximamente, en octubre, voy a empezar dos colaboraciones en otros medios con las que estoy muy ilusionada. ¿Pero será igual? Pues no exactamente. Tengo muchas ganas de escribir otro tipo de cosas. Más serias, quizá, más parecidas a las que escribo en carmenpacheco.es… Pero espera, ¡espera! porque es que creo que ya no puedo vivir sin probar remedios caseros, contar trivialidades o expresarme con gifs animados. Lo mejor va a ser que lleve a cabo la peor idea del mundo: que me abra otro blog. Otro. Que sea un sitio divertido y relajado, donde escribir como escribo aquí, pero ahora con más libertad todavía, un poco a la deriva, sin cabecera de El País, sin más bandera que la mía propia. Lo mejor será que nos reunamos ahora mismo allí.









