Será por lo efímero o por lo común, los alimentos como indumentaria producen rechazo a la mayoría. Lady Gaga no inventó nada con su traje de filetes que tanto revuelo causó: ya en el siglo XVI el artista italiano Giuseppe Arcimboldo, famoso por sus retratos de hortalizas, llevó la propuesta al extremo pintando hasta a seres humanos hechos de pollos y peces, formando narices, frentes y barbillas. No es del agrado de muchos la idea de llevar sobre la piel algo que en poco tiempo va a oler mal, se pondrá verde, se pudrirá y, finalmente, se desintegrará. ¿Quizá les recuerde demasiado a su propio destino? Y, por otro lado, la normalidad, lo común de una pieza de fruta o una rodaja de merluza, que tan habitualmente aparecen en nuestra mesa o forman parte de la lista de la compra, hacen poco atractiva su utilización como (parte de) una prenda.
En líneas generales, sólo los artistas plásticos han considerado el uso de alimentos para el diseño de moda y siempre en contextos de experimentación, como la coreana Yeonju Sung, cuyos elegantes vestidos de cóctel elaborados con láminas de calabacín, rábano o cebolla exploran, según el texto proporcionado por la galería que la representa, el deseo de comer y y el deseo de vestirse como impulsos fundamentales, quedando ambos insatisfechos.
En otro nivel de abstracción y ámbito, la colección otoño-invierno 2012 de la joyera Delfina Delettrez para la renovada Kenzo fue unánimemente alabada e hiperpromocionada en los medios. En ella, pendientes, anillos y collares no sólo muestran formas orgánicas de naranjas y nueces, sino que contienen los frutos. El logro de Delettrez ha sido encarcelar los gajos de cítricos, tan reales como la vida misma, en plexiglás, y enzarzarlos en minimalistas piezas de metal, dotándolos de vida eterna y sorteando el doble maleficio de lo efímero y lo común.
Lo bueno para las amantes de este tipo de joyas es que, aunque el uso de materiales nobles y su estatus permitan a Delettrez colgar a sus piezas una etiqueta de tres o cuatro cifras -puedes comprar algunas en Opening Ceremony, como este collar (760 $, 588 €), hay artesanos mucho más anónimos que llevan tiempo manipulando los mismos materiales. Detrás de Real Fruit Jewelry se esconde Zoe Einbinder, una artista de Filadelfia (EE.UU) cuya inspiración ha sido siempre la naturaleza. Zoe realiza un trabajo con frutas y verduras similar en concepto al de Delettrez pero, todo hay que decirlo, sin la espectacularidad de las piezas de ésta. Una de sus frutas favoritas, al igual que la diseñadora italiana, es la naranja sanguina (30 € el colgante), y también trabaja la nuez (17,53 €), aunque de manera distinta. Sorprende lo decorativa que puede ser una rodaja de tomate (19,12 €) y la delicadeza de un corazón de fresa (30,28 €) bajo resina transparente.
Con este tutorial las más apañadas pueden intentar convertir la despensa en bisutería. Económica, decorativa, ecológica y aprobada por los gurús de la moda. ¿Alguien da más?




