
El bebé se llama Dani, aunque es más conocido entre sus allegados por su título nobiliario: El Rey de España. Y como podéis observar, la cosa entre nosotros no ha funcionado demasiado bien.
Existen colectivos resentidos cuyos miembros unidos igualarían en poder de odio y destrucción a una horda vikinga si alguna vez fueran conscientes de pertenecer a uno. Es el caso de los niños que hace unas décadas nos dejamos la vista sobre las páginas de los libros del Ojo mágico sin obtener nada más que humillación. Y somos muchos más de los que parece.