Es verano (no me preguntéis qué mes porque Memorama me ha destruido la noción del tiempo) y estoy en un evento en el que no conozco a casi nadie, comiendo pizza entre desconferenciantes. De repente, por casualidad, distraigo mi atención un momento de uno de los cúlmenes culinarios de esta era y hablo con alguien que me dice que él y dos amigos lo dejan todo y se van a Chile a montar su propia empresa en internet. Hablamos de que en la vida llega un momento en el que tienes que tomar esas decisiones y bla, bla, bla. Mi admiración es sincera. Les deseo mucha suerte.
En ningún momento puedo imaginar que meses más tarde yo cortaré la cinta simbólica que inaugurará su futura empresa y, en un honor inesperado y un poco surrealista, seré la primera persona en registrarme como usuaria en el sistema en el que esas tres personas llevan trabajando tanto tiempo.
No lo puedo imaginar entonces porque, aunque ya se sabe que la vida da muchas vueltas, tener un blog donde haces una cosa nueva durante cien días es una vuelta difícil de prever.
Desde aquel día de verano he leído hablar mucho de Tol.do y he visto por aquí y allá ese loguito monísimo en blanco y negro. Así que cuando Amalia me ha mandado el código supersecreto para que entrase me he puesto muy nerviosa y me he sentido como un elefante cortando la cinta roja de una nueva cacharrería.
Por suerte para mí, internet es un sitio donde es bastante difícil arruinar inauguraciones aunque tengas un talento natural para ello.
Tol.do es una plataforma para que los particulares podamos montar una tienda online fácilmente y sin complicarnos mucho. No sólo para vender objetos, sino también descargas y reservas. Sería estupendo también comprar y vender personas, pero nos ha tocado vivir en una época de legislatura intransigente.
El sistema de customización y diseño es muy intuitivo y todo está explicado de esa manera superclara pero lo suficientemente amistosa y simpática como para no sentirte imbécil (aunque lo seas).
Y después de registrarme ¿he montado una tienda? No sé, estoy en ello. ¿Compraríais vosotros merchandising de Let’s Pacheco? ¿Merece la pena arriesgarse en un proyecto tal y como están las cosas, a cambio de poder hacer lo que te gusta?
Bueno, viendo cómo ha quedado Tol.do, parece que sí.
Lo que mejor recordaré: Haber hecho el registro en casa, haber empezado este post en un tren y estar terminándolo en un hotel. Y no entender muy bien cómo ni por qué ha ocurrido ninguna de estas cosas.
2 Comentarios
Yo quiero una camiseta de Divassssssssss¡¡¡¡
Anda, pues yo conozco a uno de los programadores de esto, uno de los que se fue a Chile.