El País

Día 54: La primera vez que sonreí más blanco

Estoy tumbada en un sillón reclinable, con unas gafas amarillas que me tapan media cara, una pieza de plástico que me mantiene la boca abierta, una mantita morada sobre el cuerpo y una campanilla en la mano. Y me pregunto: Carmen, ¿qué está pasando con tu vida?

Un rato antes estoy en la sala de espera de la Clínica Vilaboa. He visto muchas clínicas en mi vida, afortunadamente clínicas buenas, pero muy pocas salas de espera en las que tres personas pudieran jugar con el Kinect de la Xbox sin estorbarse en lo más mínimo.

Le pregunto a una chica que me está metiendo un aparato en la boca -justo antes de que lo meta, claro-, que si es una clínica sólo dental, y no estética en general, porque hasta ahora no asociaba el mundo de la odontología con el de la decoración elegante. Mientras, un ordenador dice algo como “explorasión resibida” con una voz de robot encantador.

En algún momento entra la doctora Beatriz Vilaboa y me siento como si hablara con alguien famoso, porque a mi los actores y todo eso me dan exactamente igual, pero me impresionan mucho las personas que le dan su apellido a lugares.

La doctora me explica que antes del blanqueamiento tienen que hacerme radiografías, una limpieza y comprobar que todo está bien. Luego viene la doctora Débora Vilaboa (ahora me siento como si conociera a ¡dos! personas famosas), y me dice que lo ideal es que esperara unos días porque tengo la encía inferior algo inflamada. Le explico en qué consiste este blog y que por tanto, no podría escribir sobre la experiencia hoy mismo, pero que puedo ver qué hago a cambio. La doctora considera que eso es un fastidio para mí, yo también, y al final resolvemos que me haga el blanqueamiento sólo en la parte de arriba, que es la que más se ve y donde no hay problema, y más adelante vuelva a hacerme la de abajo.

Como comprenderéis, yo podría fácilmente inventarme todo esto. Podría haber ocurrido hace una semana o podría no haber ocurrido nunca, vosotros no tendríais forma de saberlo. Pero de alguna manera he convertido este blog en una patología personal, casi una superstición que tengo que cumplir diariamente y además tengo el poder de contagiar su importancia a quien me rodea. Incluso en una clínica.

Un rato después (no demasiado tiempo), tras pasar por el proceso de gafas-mantita-campanilla, mientras el peróxido de carbamida hace su efecto, estoy mirándome en el espejo del baño de la clínica. Mis dientes están varios tonos más claros. Noto perfectamente el contraste con los de abajo, que afortunadamente apenas se me ven al hablar.

Ahora para cepillármelos voy a usar el dentífrico blanqueador Yotuel all in one. No puedo hablar todavía de mi experiencia con él porque no la he disfrutado, pero sí de toda la información que le acompaña porque ya sabéis que las anécdotas históricas sobre tratamientos de belleza me pierden (por favor, recordadme que os cuente un día lo que leí hace poco sobre los egipcios y los mocos). No reproduzco todo aquí porque me quedaría un post muy largo para Memorama, pero sí diré que lo que más me ha impresionado es que Yotuel sea el dentífrico blaqueador número uno en ventas en Finlandia desde hace diez años.

Porque sabéis que para mí los egipcios y los romanos son lo más, pero los finlandeses… los finlandeses son descendientes de LOS VIKINGOS. Además, si lo piensas bien, ¿a quién le puede preocupar más que sus dientes se vean blancos que a alguien que pasa rodeado de nieve la mayor parte de su vida? Ese, amigos, es el tipo de lógica con la que yo vivo.

Por si acaso os lo estáis preguntando, no voy a poner foto aquí de mis dientes, porque después de lo del otro día, es ya lo que me faltaba para sentirme como un caballo.

Lo que mejor recordaré: En algún momento la segunda doctora Vilaboa se ha referido a mí como “niña” y me ha encantado, claro. Pero he pensado “¿será esta la última vez que me llaman niña? Para todo el mundo tiene que haber una última vez”.

Esta entrada fue publicada en Belleza, Dental

15 Comentarios

  1. Publicado: 16 11/11 a las 10:20 | Permalink

    Con la excusa del memorama te estás haciendo un repaso completo que más quisiera más de una!!! (hablo por mi jajajaja)

  2. Publicado: 16 11/11 a las 10:35 | Permalink

    Coincido con Rake… y, por cierto, ¿qué harás con tu vida cuando se acabe Memorama?

  3. Lnita
    Publicado: 16 11/11 a las 13:37 | Permalink

    Ahora leerte todos los dias se ha convertido en un ritual. Entiendo que puedas sentirte un poco como un caballo, pero hubiese estado genial la afoto de los dientes. Solo una objecion, no es demasiado blanco nuclear?. Muchas veces pienso que no se ven muy naturales los dientes tan blancos.

  4. Marina
    Publicado: 16 11/11 a las 13:38 | Permalink

    ¡¡¡Publireportaje!!!

  5. Carmen Pacheco
    Publicado: 16 11/11 a las 13:40 | Permalink

    Pues no lo sé muy bien, pero tengo una idea que es un giro de 180 grados.

  6. Carmen Pacheco
    Publicado: 16 11/11 a las 13:41 | Permalink

    No, que va, no me quedaron tan blancos. Se nota un poco el contraste con los de abajo pero siguen teniendo un tono normal. Creo que en cada persona hace más o menos efecto.

  7. Carmen Pacheco
    Publicado: 16 11/11 a las 13:43 | Permalink

    Si ahora vais a acusarme de hacer un publirreportaje en cada post, por favor sabed que se escribre con dos erres.

  8. astrof
    Publicado: 16 11/11 a las 14:57 | Permalink

    antiguamente se medían los espacios en ‘campos de fútbol’, pero me gusta más esto de medirlos en ‘kinects’ :)

    Yo la verdad, con la ortodoncia de niño ya tuve bastante. Quizás probar el blanqueador finlandés ese (mundial el gif de tu lógica, jeje).

  9. Yuyiyu
    Publicado: 16 11/11 a las 16:27 | Permalink

    Me encanta ese estilo recargado pero al mismo tiempo desenfadado y con una pizca de ingenuidad con el que haces publicidad de una clínica dental para pijos y de una pasta de dientes finlandesa.

    Delicioso.

  10. Publicado: 16 11/11 a las 18:49 | Permalink

    Cada vez entiendo menos estos comentarios. Para empezar no sabía que El País se financiase con dinero público para no poder tener publicidad pero, aparte, creo que la finalidad de este Memorama es dar a conocer experiencias peculiares, con lo cual no sé cómo podría hacerse durante tanto tiempo sin hablar de ningún comercio ni producto. Lo mismo pasa con el blog de Natalia, antes la gente criticaba porque no ponía marcas y ahora porque las pone.

    No sé si El País cobra o no por esto pero me da exactamente igual. Además, la publicidad es útil, sin este Memorama no sabría de la existencia de muchas cosas que antes desconocía.

  11. María
    Publicado: 16 11/11 a las 21:45 | Permalink

    En el artículo hay un error de bulto bastante gordo. Los fineses NO son descendientes de los vikingos, porque ni si quiera son un pueblo germánico. Sí lo son otros pueblos escandinavos, como los suecos o los daneses, por eso esos pueblos hablan hoy en día lenguas germánicas, mientras que los fineses ni siquiera hablan una lengua indeuropea. Le ruego que corrija el error, porque al estar en mayúsculas hace que se le caiga a una el alma a los pies, especialmente pensando que en cualquier momento pueda abrir esta página un finés y pensar qué sé yo de los periodistas españoles.

  12. Isabel
    Publicado: 17 11/11 a las 9:35 | Permalink

    Yo quiero ver tu dientes, y sobre todo, saber los efectos secundarios. Es decir, están más sensibles? o el efecto es reversible/se pierde con el tiempo?

    Foto! foto!

  13. carol
    Publicado: 19 11/11 a las 19:28 | Permalink

    nunca te había leído, y la verdad que me resultas divertida…

  14. Gloria
    Publicado: 20 11/11 a las 17:42 | Permalink

    Es la primera vez que entro en este blog, y por consiguiente, la primera vez que comento un post. Me ha sorprendido bastante encontrarme con este titular principalmente porque soy odontóloga.
    Para empezar, no me parece del todo bien que se haga publicidad de una clínica dental sólo por lo bonita o lo lujosa que sea, pues la odontología no es estética, es salud, y eso es lo primero que debemos aprender todos.
    Quiero continuar diciendo que los blanqueamientos dentales no son unos tratamientos que todo el mundo se pueda realizar a tontas y a locas, hay que tener unas determinadas condiciones, y el paciente debe ser consciente de ello, por lo que no me parece lógico que hagamos publicidad de tratamientos odontológicos como si de un corte de pelo se tratara. ¿Verdad que nadie publicita que nos hagamos broncoscopias todos los días?
    Y para terminar, me gustaría saber si el blanqueamiento dental que le han realizado es Yotuel o sólo es la marca del dentífrico que le han recomendado, porque si el blanqueamiento es Yotuel, le digo, que es uno de los peores que existen en el mercado, es bastante agresivo y tremendamente barato en comparación con otros de mucha mejor calidad.
    Un saludo y gracias por la lectura.

  15. Sean Walsh
    Publicado: 1 12/11 a las 17:46 | Permalink

    Hola, estoy bastante sorprendido por el comentario de Gloria. Yo soy consumidor y usé los productos de Yotuel tanto los dentífricos como blanqueamiento profesional (en clínicas en Londres) en Inglaterra. En mi opinión es uno de los mejores productos que he probado. De hecho, el dentífrico gano el premio de mejor producto dental el año pasado. Yotuel tiene un gran éxito en mi país. Tanto las pastas blanqueadoras como los productos de clínica tienen estudios que demuestran su seguridad y eficacia. No sólo no es agresivo, sino que además remineraliza el esmalte. En cuanto al precio económico, puede deberse a que es un producto fabricado en España. De acuerdo a mi experiencia con Yotuel como consumidor creo que es mejor que otras marcas de la competencia.