El País

Día 6: La primera vez que me puse extensiones en las pestañas.

Cuando supe que existían las extensiones de pestañas visualicé rápidamente la siguiente escena, porque yo soy muy de escenificarlo todo.

Interior noche. Dormitorio de una Diva de Diván que, entre enormes almohadones, yace moribunda, víctima de una cruel, incurable y extraña enfermedad. La Diva, con un camisón de gasa precioso y tapadita hasta la cintura, tiene el brazo estirado y la mano pálida y fría entre las de su prometido (no les ha dado tiempo a casarse), que lloriquea arrodillado junto a la cama.
-Chéri, tengo un último deseo -dice la Diva-. Quiero donar mis pestañas.
-¡No!
-¡Sí!
-¡NO!
-¿Vas a negarme mi última voluntad?
-No.. no… es que yo… quería embalsamarte y colocarte en una urna de cristal en la entrada de mi mansión, para adorarte y lamentar tu pérdida, durante el resto de mi vida.
-Lo comprendo chéri, pero el dolor te hace egoísta. No podemos privar al mundo del poder de seducción de mi mirada. Mi mirada es inmortal.
Minutos después, las puertas de otro dormitorio, en otra mansión, se abren de golpe. Un estilista francés con monóculo entra gritando:
-¡Madame! ¡Estamos salvados! ¡Hemos encontrado una donante!

Por supuesto, las extensiones de pestañas son artificiales. Pero dejadme soñar, ¿vale?

De hecho, mi pequeña fantasía no es mucho más delirante que la mayoría de anuncios de máscara de pestañas. Pestañas kilométricas, telescópicas… ¿qué será lo próximo? ¿Pestañas intercontinentales?

Esos pequeños pelitos con los que nuestros párpados defienden al ojo de los cuerpos extraños, ese mecanismo tan delicado y floral, es uno de los estandartes de la femineidad. La prueba es que hasta el dibujo más básico de una persona, puede ser afeminado en sólo cuatro trazos.

¿A cuál de los dos le regalarías un perfume francés?

Con esta idea de pestañas de dibujo animado he llegado esta tarde a Le Petit Salon, un lugar pequeño, como su propio nombre indica, pero acogedor y muy bien decorado, que huele a golosina. Lo que más me ha llamado la atención -tal vez porque soy tímida y miro mucho hacia abajo- es su suelo plateado fantástico, como de nave espacial. Estaba ya imaginando cómo decoraría la mía, si tuviera una, cuando me han hecho pasar a la sala para empezar el tratamiento.

De las chicas de Le Petit Salon tengo que decir son simpatiquísimas. No, corrijo, no lo tengo que decir, lo digo porque quiero y porque es algo que llama la atención nada más entrar. Elena, la directora, que es absolutamente encantadora, me ha aconsejado que con las pestañas que yo ya traía de serie, lo que me iba a quedar mejor era teñirlas, rizarlas con una permanente y ponerles lo que ella llama “extensiones glamour” que son extensiones sólo en los extremos de los ojos, para que haga un efecto rasgado. Y eso hemos hecho.

Aquí mi ojo, muy triste, antes del tratamiento.

El tratamiento no es en ningún punto desagradable, pero hay que ser paciente porque el líquido para la permanente, que riza la pestaña en torno a un pequeño rulo, tarda unos veinte minutos en hacer efecto. Luego hay que cambiarlo por otro, que tarda unos veinte más. Yo, por supuesto, no he tenido problema en abstraerme con los ojos cerrados porque es lo que hago todo el rato con los ojos abiertos.

Una vez rizadas (aquí ya se nota muchísimo el cambio), las pestañas se tiñen. Este proceso es más rápido pero también hay que ser un poco paciente. Y finalmente, ha llegado el turno de las extensiones. Hay de dos tipos: pestañas individuales y ramilletes. Tanto unas como otras se sujetan a nuestras pestañas mediante un pegamento especial, que es inofensivo para el ojo y al mismo tiempo lo suficientemente potente como para que los ramilletes o pestañas individuales se mantengan sujetos hasta que la pestaña natural se caiga cuando llegue su hora. Porque como ya sabemos, el cuerpo renueva constantemente el pelo y las uñas y lo que a él le da la gana, en un derroche energético y celular por el que me gustaría poder denunciarle.

Tras todo este proceso, en el que Elena me ha colocado cuatro ramilletes en cada ojo, el resultado ha sido espectacular. A pesar de mis nulas dotes como fotógrafa, espero que seáis capaces de observarlo. En ninguna de las fotos llevo nada de maquillaje (de ahí que estén convenientemente recortadas). Lamentablemente, creo que en ninguna se aprecian tanto las pestañas como cuando me miro al espejo.

Aquí el mismo ojo, absolutamente feliz después del tratamiento.

Aquí la prueba de que también tengo un ojo izquierdo.

Otra luz y otro filtro para que veáis bien las pestañas.

Al salir de Le Petit Salon he tenido la seguridad de que volvería. Es cierto que, como dice Elena, las pestañas crean adicción, y una vez que te ves así ya no quieres volver a tener los ojos de antes. Pero creo que lo verdaderamente adictivo del sitio es algo que no tiene tanto que ver con la vanidad, algo que desgraciadamente escasea y por tanto es muy valioso: que te traten bien, que sean amables contigo.

Lo que mejor recordaré: El momento de incorporarme en la camilla, sostener el espejo y encontrarme con unos ojos de princesa Disney.

Esta entrada fue publicada en Belleza, Ojos y clasificada en , ,

16 Comentarios

  1. Elena
    Publicado: 29 9/11 a las 0:42 | Permalink

    Carmen, millones de gracias! Me ha encantado tu blog, narras todo de una forma que te animo a que escribas un libro!! Seria divertido y muuy entretenido! Felicidades y enhorabuena! Un beso enormeee!

  2. Publicado: 29 9/11 a las 1:00 | Permalink

    Pero si tu ya las tienes de Princesa Disney… :P

  3. Publicado: 29 9/11 a las 12:07 | Permalink

    Debo ser una de las personas con las pestañas naturales más largas que existen. Casi iguales que tú en las fotos con las extensiones puestas. Y me gusta tenerlas así de largas, pero a veces es incómodo.
    Conozco Le Petit Salon porque mi hermana es asidua al lugar.

  4. Nuriscedda
    Publicado: 29 9/11 a las 12:44 | Permalink

    Muy bueno tu blog y me ha encando el efecto que hacen las extensiones de pestañas. Gracias.

  5. Francisco
    Publicado: 29 9/11 a las 13:51 | Permalink

    Piensa en las pobres pioneras de las pestañas postizas: párpados pegados, irritaciones, alergias… un minuto de silencio en su recuerdo.

  6. Lorena
    Publicado: 29 9/11 a las 14:13 | Permalink

    Me encanta tu blog!

  7. Carmen Pacheco
    Publicado: 29 9/11 a las 16:56 | Permalink

    ¡Gracias a las dos!

  8. Mireia
    Publicado: 29 9/11 a las 17:22 | Permalink

    Carmen ¿te dijeron cuanto duraban?

    • Carmen Pacheco
      Publicado: 29 9/11 a las 17:25 | Permalink

      Sí, depende del ciclo natural de tus pestañas. Así que con cuidado podrían durar hasta dos meses, aunque es imposible saber si la pestaña a la que va adherida la extensión se va a caer antes. Por eso ofrecen sesiones de relleno, para sustituir las que se te hayan caído al mes o así.

  9. Sylvia CCP
    Publicado: 29 9/11 a las 17:28 | Permalink

    Eres súper simpática…me recuerdas a mi amiga Ana que dejé en Valladolid….

    • Carmen Pacheco
      Publicado: 29 9/11 a las 18:54 | Permalink

      Gracias Sylvia, la próxima vez que llames a Ana salúdala de mi parte :D

  10. Victor Parra
    Publicado: 29 9/11 a las 21:43 | Permalink

    Jajaja, me encanta tu blog!!! Me he enganchado desde el minuto 1, una pena que no postees tres veces al dia…

  11. Publicado: 30 9/11 a las 17:32 | Permalink

    No necesito extensiones de pestañas pero me parto con tus artículos, Carmen. Te lo dirán siempre pero es que es verdad.

    Y sí que se te notan las pestañas nuevas en la foto.

    Saludos,

    Gloria

  12. amaya
    Publicado: 4 10/11 a las 20:13 | Permalink

    y puedo hacer como en Mujercitas y donar las mía para pagar la hipoteca?

  13. Missnegurochkka
    Publicado: 27 10/11 a las 17:36 | Permalink

    BAMBI :_)

Publicar un Comentario

Tu email nunca será publicado o compartido. Los campos requeridos están marcados con un *

*
*

Puedes usar estas etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>