El País

Día 1: La primera vez que escribí en Memorama

Hace unos meses fui a la fiesta de despedida de un amigo que se marchaba un tiempo a Seattle a hacer sus cosas de jefazo para la multinacional donde trabaja. Eligió él mismo el traslado porque necesitaba un cambio de escenario, una ruptura, un plan de escape. Sufrí un ataque de envidia tan intenso al oírle, que tuve que contenerme para no estrangularle junto a la barra, como en una escena de cine mudo. Me encontraba atravesando entonces un momento en el que justo era aquello lo que me hacía falta: huír hacia la novedad.

Una vez superado mi impulso homicida (si no, ¿a quién iba a ir yo a visitar a Seattle?), acabamos como siempre, rememorando con nostalgia la época en la que nos conocimos, más de diez años atrás. Lo glorioso de aquellas noches del Madrid de fin de siglo, cuando éramos jóvenes alocados, nos sentíamos invencibles y queríamos comernos el mun… Pero un momento, ¿es todo eso cierto? ¿se merecen aquellos tiempos ocupar ese altar en nuestra memoria?

Así se congelan los recuerdos y así los embellece la nostalgia.

Mi amigo y yo aún somos jóvenes, bastante más guapos que entonces, y ya no caminamos ateridos de frío, como idiotas, esperando a que el metro abra por la mañana. Ambos nos hemos esforzado con relativo éxito en construir la vida que queríamos, dedicarnos a lo que nos gusta y vivir con cierta comodidad. ¿A qué responde entonces esa nostalgia? ¿Cuál es el ingrediente secreto de esas noches legendarias que hemos perdido en el camino hasta aquí? ¿Somos menos valientes? ¿Menos brillantes?

No, somos menos estúpidos.

La estupidez o falta de prudencia es la que nos hizo quedarnos atrapados aquella noche en el Retiro, subir a una noria completamente borrachos, hacer trompos con un coche por la playa y otras aventuras de las que ahora nos reímos pero en su día no tuvieron tanta gracia. Nuestra memoria era entonces cemento fresco y aquellas vivencias, impregnadas de adrenalina, quedaron grabadas, con una borrosa y favorecedora imprenta, que ha ido embelleciéndose aún más con el paso de los años.
Si quiero recordar de esta forma algún día, lo que ahora es mi presente ¿debería entonces seguir saliendo sin control, haciendo estupideces como el típico treinteañero con síndrome de Peter Pan?

No, gracias. A cambio de cargarme con el sistema reproductor complicado, la naturaleza me concedió el sentido común. Me gusta mi vida tal y como es. Lo único que lamento es que la rutina, aunque agradable, pliegue mis días, superponiéndolos unos a otros en la memoria, destruyendo casi años enteros. Odio que me niegue el recuerdo de cientos de momentos tranquilos y perfectos, sólo por ser similares a otros.

Se salvan del olvido, sin embargo, aquellos días normales que están tocados por un hecho especial, como una nevada, un accidente casero, o la primera vez que probamos algo. No tengo control, de momento, sobre las condiciones climatológicas (aunque a veces creo en la meteoropatía inversa), pero sí está en mi mano colocar pequeños marcadores en cada día, llevando a cabo una maratón de primeras veces. Ese será mi propósito en los próximos noventa y nueve posts. Existen ya experimentos de este tipo, aunque no exactamente con el mismo enfoque. Aquí habrá moda y belleza, pero sobre todo habrá un intento decidido de ganarle la batalla al olvido. El paso del tiempo no me pertenece, y no puedo controlarlo, pero mi memoria sí. Mi memoria es mía y ahora también un poco vuestra.

Lo que mejor recordaré: El vértigo que he sentido al pulsar el botón “publicar”.

Foto: Ignacio Torres

Esta entrada fue publicada en Sobre el blog

8 Comentarios

  1. sonia
    Publicado: 24 9/11 a las 1:22 | Permalink

    ¡Qué ganas de empezar con los experimentos! Enhorabuena por el blog, tiene una pinta increíble :)

  2. Irene Poza
    Publicado: 24 9/11 a las 11:44 | Permalink

    Carmen, ¡qué te voy a decir! Estoy muy orgullosa de ti, de lo que has hecho, de lo que representan… Ten por seguro que te seguiré hasta el infinito…De momento, te sigo pegadita al círculo polar. ¡Enhorabuena! Y por favor, marca otro recuerdo en tu mente: el día en el que Carmen se reinventó y decidió ser escritora. El mundo de la globosfera y de la literatura es hoy un poquito más rico.

  3. Publicado: 24 9/11 a las 11:52 | Permalink

    Carmen Pacheco, la más grande entre las grandes.
    Suerte.

  4. Virginia
    Publicado: 24 9/11 a las 13:43 | Permalink

    Dioh, qué blogaco.

  5. Publicado: 25 9/11 a las 14:36 | Permalink

    Pues para mí una de las cosas que recordaré siempre será la interface (se dice así?) de aquel blog con el que te descubrí, hace ya unos cuantos años, en que se escuchaba un !Ay! cada vez que el cursor pasaba por encima de tu corazón. Tu forma de escribir hace que cualquier cosa rutinaria se convierta en algo inolvidable. Un abrazo y mucha mierda!

  6. Publicado: 28 9/11 a las 15:10 | Permalink

    Enhorabuena Carmen, un blog muy sugerente, cercano y prometedor. Me ha encantado; creo que me voy a quedar por aquí un ratito más.
    Saludos ;)

  7. adri
    Publicado: 28 11/11 a las 19:31 | Permalink

    Increible! te sigo desde México y eres una inspración!!! ame tu frase ” huir habia la novedad”.

  8. adri
    Publicado: 28 11/11 a las 19:35 | Permalink

    Correción Ameeeeeeee la frase HUIR HACIA LA NOVEDAD!!

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