
Nuestra mente tiende a ordenar los recuerdos en forma de narración. Las supersticiones no son mas que la asociación de dos hechos aislados a los que nuestra mente atribuye una relación causa-efecto que no existe.

Para ser sincera, he de decir que odio cuando los periodistas o los publicistas se inventan lo de “generación loquesea” para vender algo. Especialmente si yo soy la publicista encargada de pensar en el nombre.
Existen colectivos resentidos cuyos miembros unidos igualarían en poder de odio y destrucción a una horda vikinga si alguna vez fueran conscientes de pertenecer a uno. Es el caso de los niños que hace unas décadas nos dejamos la vista sobre las páginas de los libros del Ojo mágico sin obtener nada más que humillación. Y somos muchos más de los que parece.
Hay dos pequeños gestos por los que la Humanidad merece ser salvada de una extinción fulminante. Uno es dejar caer el monóculo ante algo que nos sorprende, y el segundo es levantar un poco el antifaz de dormir para ver qué coño diablos es lo que está perturbando nuestro descanso (gran clásico de los vuelos transoceánicos).
Si alguien me parase por la calle y me preguntara, totalmente desprevenida, que qué opino sobre los animales, contestaría que son “una cosa” que me parece muy bien. “¿Perdona?” se sorprenderá mi interlocutor. Inmediatamente me daré cuenta de que he resumido un Reino entero de seres vivos en “una cosa” e intentaré disimular, contando una [...]
Hace unos meses fui a la fiesta de despedida de un amigo que se marchaba un tiempo a Seattle a hacer sus cosas de jefazo para la multinacional donde trabaja. Eligió él mismo el traslado porque necesitaba un cambio de escenario, una ruptura, un plan de escape. Sufrí un ataque de envidia tan intenso al [...]